
Proyecto OFELIA
OFELIA se presenta no como el resultado de una planificación formal, sino como el hallazgo de una forma que se revela a lo largo de una investigación material, corporal y simbólica. La obra, una escultura blanda de escala humana, completamente bordada con hilo de lurex dorado y diseños botánicos, encarna un proceso de trabajo intuitivo que conjuga técnicas escultóricas y textiles en diálogo con referencias culturales, históricas y personales.
Desarrollada en un contexto de aislamiento pandémico, la pieza surge del cuestionamiento sobre el cuerpo y la identidad en tanto entidades relacionales. La noción de que “la existencia siempre es más allá de nosotros” atraviesa la concepción misma de la obra, que se construye a partir de una práctica artística expandida donde el dibujo, el bordado, el volumen y el tatuaje funcionan como herramientas de inscripción y memoria. En este sentido, OFELIA es también archivo: la piel como superficie sobre la cual se graban sentidos ancestrales, identitarios y trascendentes.
La investigación sobre prácticas rituales de comunidades originarias como los Kayapó —en particular, el uso simbólico de las pinturas corporales— nutre la dimensión política y espiritual de la obra. La corporeidad aparece así como un campo de inscripción cultural, en el que los bordados y las texturas doradas enuncian, protegen y transforman.
Formalmente, la obra dialoga con el imaginario escultórico de Louise Bourgeois y con la representación romántica de Ofelia de John Everett Millais. Sin embargo, la referencia a la figura shakesperiana no apunta a una literalidad narrativa, sino a una resignificación simbólica: OFELIA como cuerpo suspendido en tránsito, como figura que flota entre la vida y la muerte, entre la materia y el símbolo, entre lo individual y lo colectivo.
En su versión final, la escultura se constituye como un cuerpo mutante que, lejos de clausurar significados, los disemina. Los bordados botánicos, herencia de un archivo personal de diseños para tatuajes, articulan una visualidad donde lo orgánico se vuelve metáfora de lo cíclico. La obra, en suma, es evidencia de un recorrido sensible en el que la piel se transforma en territorio, en puente entre el yo y el mundo.



Escultura textil. Bordado volumétrico de hilos de algodón y lurex sobre lienzo, relleno con vellón
150 X 40 X 20 cm